“Un deportista más es un delincuente menos para la sociedad”, dice el profe Wilman

Una calle angosta con bordillos pintados de amarillo, verde y rojo se ha convertido en la improvisada cancha donde a diario Wilman Tapia entrena a 102 niños, niñas y adolescentes en varios deportes, con la única intención de que no padezcan el flagelo de la delincuencia.

Junto a tres docentes del sector, Wilman cada noche se dedica a entrenar gratuitamente al amplio grupo, que oscila entre los 4 y 16 años en el Club Deportivo El Educador, nombre que le puso hace algunos meses cuando solo unos pocos niños del barrio El Educador atendían a su convocatoria. Hoy ya son más de un centenar, quienes con sacrificios han logrado formarse como deportistas en las disciplinas de futbol, microfútbol, atletismo y kickball.

SU VISIÓN

“Nuestro objetivo principal es sacar a estos niños adelante, formarlos no solo como deportistas sino como personas de bien. Lo más importante es que no se pierdan, como ha pasado con los de sectores aledaños porque un deportista más es un delincuente menos para la sociedad”, comenta con un tono cargado de optimismo.

Deportes

Gracias al poder de difusión de las redes sociales poco a poco al club se han sumado niños de estratos bajos de comunidades como La Consolata, El Silencio e incluso Villas de Aranjuez.  El profe devela que, “a veces llegan con short de overol y sin el calzado adecuado para entrenar pero eso no ha sido impedimento porque a muchos les he regalado zapatos, desafortunadamente no puedo darles a todos porque son muchos”.

NO RECIBEN APOYO

Paradójicamente, la calle donde practican queda justo al lado de un lote baldío, contiguo al megacolegio entregado en 2014 por la Secretaría de Educación, cuya estructura no cuenta con canchas donde hacer deporte. Las ganas de los chicos por un futuro  prometedor parecen ir en contravía de las acciones de la administración local, pues aseguran haber manifestado a la alcaldía que les sea prestado el lote pero ante las respuestas negativas no han seguido insistiendo. El profe Wilman, como es conocido por muchos, afirma que no cuentan con apoyo económico de ninguna entidad pública ni privada. “El gobierno no regala ni un lapicero, incluso hemos visitado a tenderos pero estos no cooperan con la causa, no toman interés en el futuro de los niños. Varios ediles también nos han prometido aportes pero ninguno ha cumplido”.

Rafael Herrera, un joven apasionado por el trabajo comunitario es de los pocos que ha apoyado al club con la dotación de uniformes y trofeos para los campeonatos intercalles, organizados como una forma de medir el rendimiento de los participantes.

FORMARSE COMO DEPORTISTAS ES CASI UN LUJO

Hasta hace poco consiguieron un enlace con funcionarios del IDER, eso les ha dado la posibilidad de preparar a los deportistas más destacados en las instalaciones de esta entidad. Sin embargo, continúan tocando puertas en busca de recursos para cubrir los viáticos y uniformes, ya que asistir al IDER implica portar un atuendo apropiado. Según varios de los aprendices, sus padres escasamente logran proveerlos de comida y ropa, lo cual indica que para ellos formarse en un club deportivo es casi que un lujo.

“De esos gastos también nos encargamos nosotros (…) a veces vendemos pasteles para recolectar fondos, luego de conseguirse la ganancia se decide a quien se dotará con uniforme. Trabajar por los niños es importante para el futuro de esta ciudad y por eso pido a Dios que nos dé larga vida y fortaleza para acompañarlos en el camino. Algún día el de arriba me lo va a agradecer”, dice con una sonrisa en el rostro.

Practicar en medio de la calle implica un riesgo no solo porque el paso de carros y motos interrumpe el entrenamiento, sino por el peligro que esto representa para su integridad. Pese a las dificultades, ni los niños ni los entrenadores abandonan esta labor.

En las próximas semanas esperan realizar un plantón frente al Palacio de la Aduana, con el fin de ser escuchados por el alcalde y les ayude a encontrar un espacio idóneo  donde desempeñar este trabajo, que más que deportivo, es social.

 

Por: Tatiana Arzuza.

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